MARÍA, LA NIÑA AZUL QUE FUE Y ES

Yo sabía que el azul, por causas poéticas instaladas en mi invernadero de libros, traería a nuestra casa, si no grandes alegrías, al menos, alguna flor para decorar la estancia; ésta en la que estamos de paso mientras otros, ya pusieron en ella, rezos, oraciones subordinadas y el amor como legado irrevocable. Herencia invariable de mis padres. Sigue leyendo

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Otra vez las urnas

(Desahogo nada poético)

 

 

Otra vez que nos llaman a filas. O sea, otra vez que el político medroso, el mismo que ignora nuestras ansias de paz y no-política, nos pide un salvavidas.

 

Y ahora que ellos mismos nos llenan la cesta de la compra con la mercancía del “feminismo y eso” van y se ponen “ELLOS- otra vez”. “ELLOS- siempre”. ¿Y ellas? ¿Hay alguna por ahí, debajo del atril?

A ver IRENE, ¿no dices todo el tiempo que “Unidas Podemos”?

 

No creo que hayamos hecho tanto mal como para merecer semejante horda. Esta zoocracia que rula para ellos y sus adiestrados asesores.

Y luego están esos Periodistas-altavoz para unos y no para los otros; inmensa cloaca reconvertida en Tertulia de damnificados; cursillistas del postureo políticamente correcto.

 

Ya estamos llamados otra vez a una mesa llena de urnas y papeletas para embutir con ellas el ego de unos cuantos “yonquis” del “auto-yo”.

¡Que se salven a ellos mismos! ¿Qué ONG irá a rescatarlos de las fauces del mar, si andan todas reparando el desastre de un Titanic llamado “migración”?

 

¿Ahora ya no urge recobrar esas vidas en alta mar a la hora del telediario? No. Ahora se hunde de forma apremiante otro barco, el de los Partidos: una barcaza agujereada, pero no por mafias, sino por auténticas ratas sobrealimentadas de inmundicia.

 

Nos llaman a salvar los muebles y evitar el oprobio de salir de La Moncloa; otros en cambio, para todo lo contario, entrar y recolocar los cuadros, sentir el olor de la croqueta más top de Madrid.

Nos llaman a tomar las calles un domingo de romería. Hacer largas construcciones humanas en pos de un Gobierno-¿español?- para una España que anda ya extrañada y cansada de ser esta España.

 

Nos llaman a las urnas y a fe que iremos en desbandada, pues hambre teníamos ya de pronunciar un nombre: ESPAÑA.

España o Españita, la que está llenita de pueblos y obradores y casas con escudo, huertas, ganado, factorías, invernaderos y playas que quitan la sed. Un país admirable, al que esta hornada de políticos, ha despojado de ígneos avatares en previsión de daños colaterales a un puñado de extremistas.

 

Mas parece que vaya esa España cansada del maltrato y la embestida, a votar contra esa España mínima, -parrillada va, parrillada viene- agigantada en las escaletas de los editores de manera impune, con la tibieza, equidistancia y hasta  beneplácito de Periodistas desacomplejados, simpatizantes con la causa.

 

Pronunciar España no provoca sinusitis, ni afonía contumaz, como quisieran algunos supuestos líderes de opinión. Y en la riada de españoles que acudirán a las urnas, habrá oleaje suspiroso por la patria cuarteada; la España aventada siempre por los mismos: la mini-España que alborota la clase para reventar el orden.

Yo iré a votar con la biografía de AZAÑA bajo el brazo, con la literalidad de sus discursos. Iré a depositar mi pedazo de España en esa urna sacrosanta, en la que a duras pena creo y confío, pero iré. Iré acompañada el eco de las palabras de  Azaña  cuando dijo: “Yo soy castellano, pero soy español, o si me lo permitís, no soy más que español, y vosotros estáis obligados a no ser más que españoles, y si no lo entendéis así (…) hacéis dimisión de vuestro papel en la Península. Consideradlo, porque en ello va vuestro destino histórico” .

 

Puede que algunos se hayan aferrado a las palabras de Ortega y Gasset cuando dijo que “el problema catalán no se puede resolver, sólo se puede sobrellevar”; y a sabiendas de eso, han retorcido la magnánima tolerancia del resto de españoles.

Españoles sin matices, que han visto enflaquecer las cuentas, las infraestructuras, las Instituciones; han visto despoblarse sus pueblos; vaciarse las fábricas; agujerearse los puentes; sin un mero pestañear de sus Gobiernos, central o autonómico. Ambos mirando casi siempre hacia otro lado; tensando la balanza en vez de equilibrarla. Vosotros…que ahora nos llamáis a las urnas con la única misión de salvaros de un ahogamiento televisado.

 

Yo iré a votar contra esa forma de gobernar. Muy harta ya de ver que nos miran por encima del hombro. Muy harta ya de ver que nadie mueve un dedo por el OESTE, más concretamente por el Suroeste, donde se atisba Portugal; donde la dehesa y toda la belleza que nadie nunca ha visto.

Luna y bondad

Renuncio al periplo de esta geografía desguarnecida

que es mi casa en invierno.

Allí se multiplica en hondura de selva, la ausencia de unos padres.

Herida astral, causante de esto que soy,

mera confluencia de bóvedas.

La dentellada en su persistencia, me circunvala.

Y es dintorno sahumado de mimosas.

No acaba esta abundancia.

Perdura y se purifica.

Implacable concavidad.

Arquitectura de una depresión,

sin ápice de aquellas dalias prometidas.

Habremos de poner el amor en macetas goteantes.

Permitir que el alma se escurra,

y verla calle abajo, gatear,

batirse en estampida de sábanas horizontales.

Yo veo esos flecos fluir en las almenas,

merengando las ciudades

en el rosicler de la tarde,

y agradezco el lejano gimoteo de los elementos.

Pues al fin descubro,

que una tras otra, en cada casa,

procede hacer acopio de lluvias, inviernos y ventiscas.

En cada balcón, como borlas de nieve,

sudarios para el llanto.

Luna y bondad

para enverdecer las cuatro paredes

de nuestra casa última.

 

 

   Amor del malo

 

Soy un taller de palabras cercado por derribo.

Conato de mujer en boga, laureada.

Botín de algún poeta sin poemas.

Boceto de musa, no siempre bien trabada al verso.

A días, restaurada en mercado de la abundancia.

Y una farmacia abierta 24 horas.

 

Soy un almacén de besos amontonados.

Caducados, magullados.

Devueltos por incompletos, anómalos.

Devine a los cincuenta en galpón sin amor.

Un depósito de flores asoladas.

 

Debió ser en otra vida el amor.

Cuando recluida yo en las palabras,

decretamos propagar ababoles cada día.

 

No fue.

Pudiendo ser amor.

Se fue sin serlo.

 

Y aquí me tienes, cobertizo sin alma.

Depósito de muebles sin destino.

Lonja de secano. Feria de una triste pedanía.

 

No fue.

O fue amor del malo.

 

 

 

 

CUENTASUEÑOS

Escribe, me dice Jovita. ¿Para quién? Pregunto yo. No importa, escribe, me dice mi “yo” desdoblado; un ser tímido que deambula sin oficio, transportando lutos familiares hacia la trastienda de los silencios. Un ser que se afana en llorar para adentro y desdibujarse para emprender el viaje soñado hacia la “nonada”. Sigue leyendo

El mar todo

El mar todo es inmenso. Debe ser algo así como un dolor insoportable; también como la experiencia del amor efímero, del que dicen, dura menos que la visión de una estrella fugaz dibujando caminos insondables alrededor del mundo una noche cualquiera, pero una noche estrellada.

El mar todo está en la biografía de Rilke, el hombre pantera que vivió haciendo círculos de silencio, para ensalzar por encima de todo el POEMA. ¿Para qué hablar cuando un verso expresa TODO, de forma impecable, sin la vibración agitada que enturbia el respirar?

Estos días de extraña primavera…

Mayo y des-mayo

El mar todo es una excusa para hablar de algo que no sea lo que ya sabemos. Mayo estuvo hermoso con sus flores ahora pisoteadas.

Mas des-mayo que mayo se desvanecen las ganas de amar que algún día tuvimos por aquí rondándonos.

Por eso el mar todo es una urgencia. Con su gama de azules mostrando al mundo su pequeñez y negrura.

Este des-mayo va haciendo crecer la muerte en casi todos los sentidos. UN NO DEJAR NACER LAS FLORES.

Un… ¿qué más nos da existir si al cabo todo revierte en la nada que dejamos?

El mar todo ya no cabe aquí donde hicimos hueco por si acaso desparecía la palabra AZUL. Y a fe que está moribunda esa palabra.

Esto que nos pasa es un NO DEJAR NACER LA FLORES.

Y el mar todo ya no espera. Como el nombre de mi #pobrelibroinédito todo se ha teñido de AZUL LEJANÍA.

El vapor de la felicidad es esto

Rilke todo era silencio, para no enturbiar los armónicos de la belleza toda en su inmensidad. Y yo de tanto buscar silencios voy camino del mar todo, apaisada como la dulce Alfonsina... caracola y sedimento. Silencio todo.

Dejen alguna flor a la entrada como despedida. No hablen, sólo dejen pasar las floraciones para que al llegar donde sea que lleguemos, sólo nos asista el mar todo y acaso muy al final del todo, el  dulce resplandor de las mimosas.

 

El Mediodía

No es un momento del día…es un lugar. Es el “sur”. Mi “Sur”. 

Extremadura es el “Mediodía” de todo viaje hacia el sur. Un mirador hacia los taludes salpicados de mimosas que se desperezan hasta Portugal.

Desde hace algún tiempo, este ramalazo de Sur, se ha convertido en frontera de los besos. Allí se agolpan en espera de destino, universo, mar o Mediodía.

Una va asaltando “peajes” hasta llegar al paraíso de prados húmedos, ribazos, linderos, tallares y setos crepusculares iluminados por la hierba de la herida, “prunela” para los amigos.

Por alguna razón, al olor de las “milamores”, valeriana roja para los amigos, sabes que has llegado al Mediodía, el paisaje-tisana donde la calma se expande y va dibujando el ánimo, como si dentro de nuestro cuerpo, se hubieran derramado todas las cestas de flores recién cortadas del mundo. Tal es el abismo que produce la belleza al llegar a Mediodía.

Y en tales circunstancias transcurre un nuevo fin de semana. Entregados al placer de la sobreabundancia, al festín de la tierra que se ha propuesto volvernos locos de amor.

Un esplendor efímero, que se cuela por las callejuelas de cada iglesia y allí se queda, arrodillado, mientras doblan y planchan las campanas el alma de la tarde.

Mientras escribo, siento la enorme impotencia de no poder  llevaros hasta casa el olor de las lilas, el incienso o la caléndula, “maravilla” para los amigos y que aplicada como ungüento, ayuda a cicatrizar heridas pertinaces.

Mediodía es en primavera la Farmacia más socorrida. Cada olor, cada color y cada brizna de uno de sus vientos, cura por completo los tormentos.

Me debato entre los botánicos de la isla de Fogo o la sencilla énula campana, “hierba del ala”, para los amigos, que asola los campos desde Madrigal de la Vera hasta Entrocamento… un poco más al Norte del Mediodía, “Rayando” la frontera.

Y entre tanta abundancia todo es abundancia: en tiempo, en amores; el cielo todo para ti sin más límite que el aleteo de los rododendros y la atalaya desde la que se vigilan las migraciones del espíritu… el Monasterio de Guadalupe.

Siento no estar a semejante altura; pero os aseguro que en cada línea que escribo, quiero dejar constancia de Extremadura y no me sale, no llego sino a la ruina de algunos muros y apenas a orillas de las correntías que hacen música de agua al caer impunemente en las tierras bajas.

Un porche al Mediodía

Mediodía es la belleza desatada, feroz y fugaz porque junio vendrá para raptarla. Será entonces cuando quede reducido Mediodía, a un triste rastro de regato buscando con premura el mar.