La memoria herida

A veces llegan en oleadas las caras y risas de tus amigos. Amigos que quedaron congelados en la cortina de humo del tiempo; sin más explicaciones que el silencio. A veces esperas inútilmente, volver a escuchar sus voces y sus reflexiones más íntimas. Inútilmente…

Ignoro si es el tiempo, la memoria traicionera o la inmisericorde prolongación del desamor, las causas del olvido. Ignoro de la vida tantas cosas y de la gente a la que quise alguna vez…ignoro si es que alguna supe de verdad la dimensión de sus lealtades…

Hoy he puesto a caminar la cuerda parada del tiempo en un reloj hallado por despiste, he salido a la calle del Pasado y he almacenado los sonidos de aquellos días gaditanos y portugueses…aquellas vitales zambullidas de atardeceres frente al Atlántico azulado y las letras de Bebo y Cigala que golpeaban los viajes en curva.

Qué pena tanta memoria herida y desvanecida por los silencios…qué tonta distancia se ha interpuesto entre dos orillas que separan apenas dos continentes.

No compartiremos nunca más mesa para doce, mantel de cumpleaños y agitación del regreso por los viajes de cada verano, donde siempre había una salsa o una carta elaborada con la minuciosa biografía de hoteles y playas almacenadas en el maletero inquieto.

Sólo el tiempo nos desvelará si acertamos o no en la elección de esta estúpida maniobra de hostilidad; él nos dirá si mereció la pena tanto esfuerzo por mantener la cortina de humo que ha hecho desaparecer vuestros rostros, voces y risas de mi álbum…

Yo, desde ahora digo que no, no merece la pena esforzarse en cavar fosas de aire para enterrar los recuerdos mal digeridos, mal contados, distorsionados y nunca verificados.

Qué pena tanto tiempo callando…. tanto tiempo sin saber de los amigos que un día fueron parte de mí…yo misma. Pena de memoria herida…

Aguas limpias

Bajan las calles con un tono gris en la mirada pero les sigue en tintineo alegre de las aguas que nos regala Noviembre; otoño de aguas mil que limpian los tejados y las botas de jugar.

No hay tarde de confesiones sin agua en la ventana, no hay placer mayor que escuchar desde casa el chapoteo monótono del agua susurrando en el cristal.

Y si es verdad que el otoño nos regala agua es porque la estamos pidiendo a gritos, a ver si con esta ducha celestial se limpian los andamios

Aquí empiezan todas las burbujas

que la burbuja de la construcción ha dejado como esqueletos colgantes en La Avenida de la Codicia esquina con Ambición.