La memoria herida

A veces llegan en oleadas las caras y risas de tus amigos. Amigos que quedaron congelados en la cortina de humo del tiempo; sin más explicaciones que el silencio. A veces esperas inútilmente, volver a escuchar sus voces y sus reflexiones más íntimas. Inútilmente…

Ignoro si es el tiempo, la memoria traicionera o la inmisericorde prolongación del desamor, las causas del olvido. Ignoro de la vida tantas cosas y de la gente a la que quise alguna vez…ignoro si es que alguna supe de verdad la dimensión de sus lealtades…

Hoy he puesto a caminar la cuerda parada del tiempo en un reloj hallado por despiste, he salido a la calle del Pasado y he almacenado los sonidos de aquellos días gaditanos y portugueses…aquellas vitales zambullidas de atardeceres frente al Atlántico azulado y las letras de Bebo y Cigala que golpeaban los viajes en curva.

Qué pena tanta memoria herida y desvanecida por los silencios…qué tonta distancia se ha interpuesto entre dos orillas que separan apenas dos continentes.

No compartiremos nunca más mesa para doce, mantel de cumpleaños y agitación del regreso por los viajes de cada verano, donde siempre había una salsa o una carta elaborada con la minuciosa biografía de hoteles y playas almacenadas en el maletero inquieto.

Sólo el tiempo nos desvelará si acertamos o no en la elección de esta estúpida maniobra de hostilidad; él nos dirá si mereció la pena tanto esfuerzo por mantener la cortina de humo que ha hecho desaparecer vuestros rostros, voces y risas de mi álbum…

Yo, desde ahora digo que no, no merece la pena esforzarse en cavar fosas de aire para enterrar los recuerdos mal digeridos, mal contados, distorsionados y nunca verificados.

Qué pena tanto tiempo callando…. tanto tiempo sin saber de los amigos que un día fueron parte de mí…yo misma. Pena de memoria herida…

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