FLOR DE SAL

Hay días en que a uno le invade la sensación del MAR, o sea, la sensación de algo fresco, limpio, renovador…Una sacudida inmarchitable, similar a cuando dices: VAMOS A CONSTRUIR ALGO NUEVO. Y hoy es uno de esos días.

Paz

Paz

El calendario que dejé abierto hace una semana sobre la mesa de mi rincón de escribir, se me ha mostrado hoy como un PEZ MUERTO, como un barco a la deriva… como esas pateras que buscan alcanzar las orillas de LAMPEDUSA.

 

Ese calendario tenía forma de PERIÓDICO, cariñosamente nuestro Periódico EXTREMADURA, donde nunca más estamparé mi firma. Desde que he vuelto a casa tras las vacaciones, se han marchado de la columna que yo ocupaba, los fulgores y arrebatos que cada domingo escribía con tinta de CALAMAR, ahora en la lejanía, pienso que algunos han querido convertirme en MAR CALAMIDAD…pero el mar es inabarcable y siempre se renueva.

 

Hasta los restos de muchos naufragios salen a flote al cabo de siglos y siglos.

 

Y aún habiendo sido relegada por el capitán del barco a los fondos marinos abisales….más allá de la corteza continental…me importa un caracol…porque voy a habitar entre corales, fumarolas y montañas submarinas…

 

Posidonias

Posidonias

Mi lugar serán a partir de ahora las praderas de Posidonias, los lechos profundos del mar menor, las corrientes de aguas frías del mar de Alborán, junto a Lophelia Pertusa, que medra en total oscuridad, entre ortigas punzantes, delfines y calderones.

 

El fondo del mar es inagotable. Así como la libertad, a la que es imposible impedirle el paso ni salir a la superficie.

 

Los periodistas somos como esos pobres marineros de la mar más humilde que salen de amanecida a pescar con sus redes vacías de moluscos y nutrientes, arropados tan sólo por la gigantesca humedad de las mareas, por las lunas llenas y los faros solitarios de algún cabo suelto…

 

Y al llegar la noche mojados hasta los huesos por las embestidas de la mar, sólo tienen en sus ojos, la belleza traicionera de un espacio infinito LLAMADO TAMBIÉN LIBERTAD.

 

 

El inagotable vicio de escribirte fue mi último artículo. Fue escrito en libertad, no así otros donde fue necesario dulcificar la pluma, redondear aristas y cauterizar palabras. Ser crítica, puede que algún día muy lejano, se convierta en mi mejor inversión, la de decir que alguna vez fui libre.

Y amasaré eternamente el vicio de escribir, escuchar, hablar, opinar, discrepar, errar y volver a empezar.

 

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