Mis amigos PERIODISTAS

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Ser Periodista me ha traído regalos preciosos por Navidad, grandes sorpresas como las que surgen de un abeto floreado de cajas, bolas y calcetines colgantes. Venía el Periodismo y llamaba a mi puerta pidiendo el aguinaldo y yo rebuscaba ingenua en mis bolsillos la luz de unas palabras, para dárselas todas.

Ser Periodista ahora ya no es una fiesta. No hace Navidades en mi puerta porque se han fundido las bombillas de todo el sistema y ha dejado a oscuras la calle de los valientes. Yo tuve amigos periodistas en pequeñas guerras de salón, Celtas Cortos y  mucha Estopa. El alcohol y el humo de algunas pasiones terminaba por ahogar las discrepancias.

Yo tuve amigos periodistas llenos de utopías y teorías sobre la gran dama del lago, la OBJETIVIDAD. Puede que alguno por fin la haya encontrado entre los harapos del tiempo y otras búsquedas.

Ahora sonrío recordando aquellas noches de exaltación de la amistad con Sabina de fondo… Allí debimos quedarnos algunos “en el bulevar de los sueños rotos” buscando la salida de emergencia de la Calle Melancolía.

Yo tuve un día una gran mesa redonda alrededor de la cual se sentaban mis amigos periodistas, y nos pasábamos de mano en mano la palabra, como quien pasa un pedazo de pan. Recuerdo que casi nunca estábamos de acuerdo en nada, o tal vez en todo, pero desde distintas orillas. Sonrío, porque quizá, esta que suscribe, era la más más más…idiota, claro. La más defensora de algunas causas igualmente idiotas.

Ignoro cómo llegamos a ser amigos, tan disparatados todos juntos, tan eclécticos, tan amigos en la intimidad, tan enemigos en el grupo… Sólo una cosa pudo habernos mantenido unidos por aquél entonces, el PERIODISMO de provincias.

Cada uno a su manera hizo su propia guerra. Cada uno desde la trinchera en la que halló refugio, calor o complicidad. Y cada uno de nosotros, acabó volando muy lejos del nido donde se forjó aquella inexplicable amistad.

¿Amistad? Sí, al menos en mí perdura, tan pura como entonces la sentía y la regalaba; tan sincera como en las noches de Estopa, Sabina o El Cigala, con sus “Lágrimas negras” en un exilio perpetuo hacia Sesimbra y Cabo Espichel.

Allí no había más cordón umbilical que el Periodismo, el juego ingenuo de intentar ser Pedro J en una provincia del Sur, o el sueño de salir algún día de la trinchera para cubrir por fin, una de esas Guerras verdaderas, donde se curten y mueren los periodistas que fueron tras la verdad.

Periodista Guerra

Periodista Guerra

Yo también creí buscar verdades y resultó que en el camino sólo alcancé a perder lealtades y amistades. Todos llevamos un pequeño Gigante  Kane dentro.

MBDCIKA EC019

 

 

 

 

No extraño aquellos años, os extraño a vosotros y el instante surrealista del viaje, la charla, la cena, la música y los juegos, y las resacas con sus desayunos, y aquella rueda de prensa que improvisamos una tarde en el otoño de Acebo. Éramos geniales, sólo queríamos vivir mucho y reír mucho.

Siempre creí que el Periodismo me traería Navidades y no este aluvión de soledades.

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