Periodista para qué?

Creo que en algún momento de mi vida pasada he sido y he ejercido como Periodista. Me levantaba siendo Periodista, comía a las horas inoportunas en las que comen los Periodistas, paseaba con mentalidad de Periodista y dormía pensando en buscar el mejor titular del mundo.

A la mañana siguiente amanecía desbrozando como una loca el dial de la radio para engancharme a la actualidad como si fuera el veneno que necesitaba para vivir #enmodoPeriodista

Los años pasaron y en las maletas llevaba siempre manuales de Periodismo, en los aviones traía de vuelta los periódicos de pueblos recónditos para comparar nuestras formas de ver el mundo y sus prioridades.

Fui haciéndome con herramientas útiles para trenzar discursos políticos, de manera que no reventaran las costuras del político de turno. Fui amasando harina de palabras para los cientos de artículos que horneaban a fuego lento las máquinas del último Periódico en el que trabajé.

Me hice demasiado mayor en los Gabinetes de Prensa de algunas Instituciones, lo que vino a ser una pérdida de virginidad moral. Allí se fabrican las noticias al gusto de alguien que no eres tu y entonces es cuando empiezas a dejar tu profesión colgada en el perchero de algún despacho.

Hubo otros Gabinetes y otros pasillos en los que correr presto a recuperar el corazón perdido de Periodista… y fue entonces cuando se me rompió el caparazón de cuarzo que yo creía tener seguro para redactar las miserias y otras circunstancias cotidianas.

Llegaron sin aviso las mareas envueltas en redes nada sociales, entonces la Humanidad entera se transformó en manadas hambrientas de “minutos de gloria”. Las pantallas se llenaron de corresponsales virtuales que desde las cocinas, los bares, las ferias, los conciertos, los bombardeos o las guerras, transmitían en directo la vida al minuto…

La perversión absoluta: narradores sin fundamento acechaban en las esquinas, comandos enteros de reporteros sin carrera, cotillas adictos a la basura y el desperdicio.

El Periodismo se colapsó por saturación de individuos contando a cada paso sus vidas y de paso la de los otros.

La otra vertiente peligrosa, o mejor dicho, la otra orilla, se ha llenado de “opinadores” que de forma convulsa destripan y manipulan la vida en general y la política en particular.

Como Periodista no me gusta lo que veo en el escaparate, o sea que no compro nada de lo que intentan venderme. Así que anoche al acostarme me preguntaba si realmente sigo siendo Periodista y sobre todo ¿PARA QUÉ?

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¿Para qué? y ¿para quién???? Puesto que lo que quiero comunicar y mi forma de hacerlo han desembocado en estas difusas confesiones íntimas en el escondite de mi blog.

Un blog que apenas leerán los pocos amigos periodistas que me quedan por falta de ganas, de interés, de tiempo o de ilusión. ¿Periodista? ¿Para contar QUÉ?

Y desde luego nunca más Periodista para obedecer o diseñar trajes a medida. Nunca más para escribir aquello en lo que no creo. Nunca más para engrasar el ego de otros. Nunca más para contribuir a que el PERIODISMO sea un madeja más de la Red de redes.

Hoy amanecí menos Periodista y más escéptica. Pero con el vicio inagotable de ESCRIBIR.

 

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