El día de la “galleta”

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Llegó el miércoles y el color del día se ha mimetizado con el de las galletas que escapan del horno en fila india. No es un miércoles más. Ni menos. Es el que es. Toca reparación de cables internos y alguna muselina evaporada por el uso.

Los niños han vuelto de sus playas, robustos, tostados y más rubios que hace un mes. Ya están en mi puerta, al olor penetrante de la masa horneada; vienen en busca de los malvaviscos prometidos. Hoy no es día para leer periódicos ni documentos adjuntos, declino del vicio insano de leer titulares. No sirven para nada y hacen la vida más pequeña, como una chispa de mala leche concentrada. Es día de galletas y corros de la patata.

Algunas mamás siguen envueltas en sus toallas de arena movediza, melancólicas por los desayunos a mesa puesta. Al llegar a casa no han tardado un minuto en devolver al césped que yo habitaba feliz y solitaria, a este rebaño de pitufos hambrientos de juegos y galletas caseras. Pobres mamás, agotadas de playa y petanca, cubitos palas y pelotas de NIVEA.

Dejad que vuestros niños se acerquen a mí… En mi casa se celebra “el día de la galleta”.