ENAMORARSE EN OCTUBRE

He pasado la noche con Marcel. Serían las cinco de la madrugada cuando el llamador de ángel me ha dicho “a dormir”, y entonces no me quedó más remedio que  abrazarme a la almohada, perfumada todavía de los sueños de ayer.

Proust sin su magdalena

Ya en la cama, refulgían las palabras deslumbrantes y las flores sempiternas de su narrativa cegadora, opulenta, siempre afluente en mitad de los desiertos nocturnos que circundan el insomnio. Marcel es ese agitador enfermizo de belleza que a una le hace perder la cabeza. Por eso me fui hasta París, un viaje que ha durado toda la madrugada.

Por suerte, Jovita estaba en casa. ¡Jovitaaaaa! Ella ha pasado la noche más tranquila, entre las sábanas y el frescor que entraba por su ventana. Hemos desayunado con el aceite de la vida que se moltura en Extremadura, tostadas, café, nueces y confidencias. Ni una magdalena. Entonces Jovita me ha hecho regresar desde París donde pasé la noche con Marcel. ¿Y dices que nos has dormido? Apenas, le digo; sobre las cinco me empujaban hacia la cama los llamadores de ángeles.

Pero sin saber por qué, hoy no acuso el cansancio. No hay huella del aterrizaje forzoso, pues Marcel me impregnó de todas las melisas que halló en las cercanías de Tainaron. He llegado hasta la cocina blanca y azucarada, volando en una nube, Jovita. Estuve con Marcel buscando algo, no sé qué… ¿tal vez EL TIEMPO?….Sí, le respondo, eso que había perdido.

Luego, la mañana se ha desplomado sobre las calles de Madrid, con el sol dibujando parques, puentes y colegios y Jovita con su maleta, ha proyectado sombras muy alargadas en mi memoria, quizá yo en la suya también, el “apego” dice ella. Y se ha marchado dirección SUROESTE.

¡Jovitaaaa! Buen viaje. Llama cuando llegues.

Otoñea el día por mi casa y se queda a jugar como un perrito faldero a la espera de OCTUBRE y sus costumbres. Tras las cortinas se evapora la iconografía del tributo a la amistad: las risas de anoche, la ventolera del vino y los efluvios del queso bendecido. Y mis velas en malva alumbrando el camino a mi madre.

Todo cuanto me rodea me enamora…y aún no ha zarpado OCTUBRE.

 

 

 

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