Un día con TELMO

El verano ha ido alargando sus brazos de mar, haciendo castillos en algunas playas más que en otras. Mi playa ha sido un amasijo de estrellas caídas en desgracia por obra y desgracia de la contaminación lumínica que arrasaba el cielo de Madrid, justo la misma noche en que se produjo el diluvio de PERSEIDAS.

Por suerte, días antes tuvo lugar un eclipse lunar que nos permitió a Paloma y a mí hacer hueco para cenar bajo el influjo de los entresijos lunáticos. De manera que nos pusimos a leer detenidamente la carta de deseos que alguien nos puso encima de la mesa. Saqué del bolso papel y bolígrafo, no me rindo a los encantos de estas herramientas, que me han salvado en más de un hundimiento emocional, salvando aquellas palabras que hubieran muerto por ahogamiento, de no haber encontrado reposo seguro en el recodo de una de mis islas de papel… Y escribimos.

Escribimos con buen criterio un deseo por cada estación del año, sobre cuatro islitas de papel blanco, como cuatro nubes blancas, como cuatro terrones de azúcar…

Pedir doce deseos hubiera sido un empacho de chuches, así que cuatro nos parecieron suficientes. Y luego nos entró la duda de si la luna concede deseos más rápidamente que las estrellas o por el contrario la luna se toma su tiempo… Duda resuelta: la luna da miedo. Ojito con aquello que le pedís a esta señora porque no se lo piensa demasiado y va y cumple.

Mi verano pues, ha transcurrido entre estrellitas caídas del cielo, Martín el #BuenHIJO, Ana Ozores, Solenoide a chorros y en el horizonte, como cada verano, #UNABODA.

Las bodas me gustan. Observo a los invitados, degusto las palabras que eligen los novios para el momento sensible y sublime del sacramento, colecciono las lágrimas que se derraman por los ausentes y la electricidad que fluye por los que se amarán a partir de esta boda.

En las bodas siempre hay luz de domingo; una especie de sabor a despedida con unas gotitas de “mañana empieza todo” que se evaporan nada más rozar el aire. Las bodas huelen a lavanda y esparcen la gama de los blancos como en cuadro de Eduardo Manet .    

 

 

Hay entre nosotros ángeles como Telmo, el niño-maravilla

De esta boda reciente, que espero no sea la última, me traigo un regalo gigante en miniatura llamado TELMO. Tres añitos de una criatura adorable que se me ha metido en el corazón como cuando la espina de una rosa te pincha en la yema de los dedos y reconoces de inmediato la magia del flechazo.

Telmo, el #NiñoMaravilla es otro #BuenHijo de esos que yo llamo #NiñosLUZ que han venido al mundo para quedarse en nuestras vidas. Apenas unas horas bastan, para saber que Telmo lleva dentro un ángel y que estaba escrito que ibas a cruzarte con él para ver iluminarse un trayecto de la travesía.

Así que puedo llamar a Telmo, con permiso de sus padres, el #NiñoFARO. Adoro los faros porque son luz en la tormenta, porque alumbran en mitad de muchas penas y penumbras… porque nos ayudan a salir de las marejadas y todas esas nieblas que emergen del mar.

Sin duda Telmo es el faro que conduce hasta el dique de abrigo. Como cuando te aproximas a la isla de Alborán e intuyes que has llegado al puerto refugio.

He visto a Telmo revolotear por entre las vaporosas enaguas del vestido de la novia, tal y como hace la mariposa ALAS DE PÁJARO, esa sutileza que procede de Nueva Guinea y que como todo aquello que no se cuida, se extingue…

Me gustan las bodas y me enamoran…como dice Hsü Palombini, mi amiga viajera, mitad China mitad Italia, “ya te ocurrió en la boda de Sicilia, en la boda de Redondo (Portugal) y ahora en Pedraza“… ella sabe Pilates más que el propio Pilates .

Yo creo en la química más que en la física, debe ser por eso que cuando creo estar pasando demasiado tiempo en un lugar llamado “Tristeza”, me voy a recoger las flores de todos los campos magnéticos que circundan las avenidas de mi casa entre nubes… y ahí es cuando decido que sí, que me enamoro, que bebo los vientos por Telmo y ya tengo su foto arcoiris, sus alas y sus risas, iluminando mi estantería junto con las de Martín y Javier.

Tengo suerte de conocer y compartir un ratito en este mundo con ángeles de verdad. #LosBUENOSHIJOS 

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