Luna y bondad

Renuncio al periplo de esta geografía desguarnecida

que es mi casa en invierno.

Allí se multiplica en hondura de selva, la ausencia de unos padres.

Herida astral, causante de esto que soy,

mera confluencia de bóvedas.

La dentellada en su persistencia, me circunvala.

Y es dintorno sahumado de mimosas.

No acaba esta abundancia.

Perdura y se purifica.

Implacable concavidad.

Arquitectura de una depresión,

sin ápice de aquellas dalias prometidas.

Habremos de poner el amor en macetas goteantes.

Permitir que el alma se escurra,

y verla calle abajo, gatear,

batirse en estampida de sábanas horizontales.

Yo veo esos flecos fluir en las almenas,

merengando las ciudades

en el rosicler de la tarde,

y agradezco el lejano gimoteo de los elementos.

Pues al fin descubro,

que una tras otra, en cada casa,

procede hacer acopio de lluvias, inviernos y ventiscas.

En cada balcón, como borlas de nieve,

sudarios para el llanto.

Luna y bondad

para enverdecer las cuatro paredes

de nuestra casa última.

 

 

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