MARÍA, LA NIÑA AZUL QUE FUE Y ES

Yo sabía que el azul, por causas poéticas instaladas en mi invernadero de libros, traería a nuestra casa, si no grandes alegrías, al menos, alguna flor para decorar la estancia; ésta en la que estamos de paso mientras otros, ya pusieron en ella, rezos, oraciones subordinadas y el amor como legado irrevocable. Herencia invariable de mis padres.

 

Pensaba, ahora y siempre, en el libro de Stefan Bollmann titulado “Las mujeres que escriben también son peligrosas”, para referirme a los pasos iniciáticos de María Gómez Zúñiga en la Literatura. Y me pregunto de inmediato ¿qué puede haber de peligroso en ella? Alguien que vive, come y duerme entre libros.

 

María Gómez en su primera firma de libros

Sí, claro, claro que hay un peligro decididamente más que cierto y acechante: la VOZ PROPIA. La Habitación propia de la que hablaba Virgina Woolf.

 

La escritora se lamentaba, con razón, de que las mujeres que escribían, carecían de una habitación propia, o sea medios económicos para ser independientes y así poder abandonar la salita de estar, rodeadas del olor a comida, el rum rum de las conversaciones o la impertinencia de algunas visitas… La literatura femenina comenzó ahí, en el cuarto de estar…

 

La reivindicación de UNA HABITACIÓN PROPIA, se refleja también en una carta privada que escribió a su marido, Harriet Beecher-Stowe, autora de la novela “La cabaña del tío Tom” y en la que dice: “Si se supone que tendré una actividad literaria, necesito una HABITACIÓN SEPARADA”

 

María y yo, hemos sido en esto, afortunadas. No sólo hemos disfrutado de habitación propia y separada, sino que hemos hecho el viaje acompañadas la una de la otra. A pesar de las distancias, que por suerte, con los años, se han ido encogiendo.

Siempre nosotras entre flores.

 

El pasado sábado, con un ligero frío atravesando las calles que conducían a la Biblioteca madrileña Elena Fortún, caminaba toda nerviosa entre los semáforos, pensando en la responsabilidad de guiar un acto importantísimo en la vida de mi sobrina María. Sí, más importante que el día de su boda – en caso de que exista tal alianza el día de mañana-. Más importante que el día de su Graduación, que ya fue emotiva.

 

Más importante que cualquier otro día, sin duda. Sí María. Porque en este nacimiento, se alumbran y asfaltan las vías que te llevarán por el buen camino. Un bautismo que debe conmover y convencer a partes iguales.

 

Caminaba yo por Madrid estos días pasados, buscando el fogonazo azul que me diera pie a la confesión íntima, pero a la vez moderada, sobre mi devoción y pasmo por tu trayectoria… una revelación.

 

Caminaba y buscaba hacer algo rompedor, ¡qué ilusa! Buscaba un brote verde, una pepita de oro, un grano de mostaza… Y ahí, justo aquí lo encontré…en el granito de mostaza.  Me acordé de cuando viajé a Perú y al regreso, os contaba mis aventuras en la selva de Mazamari, en las destartaladas casas de adobe donde vivían sin nada los niños de vuestra edad.

 

Solía dejaros mis diarios para espolear vuestra imaginación, y dejar correr vuestras manitas con lápices de colores, vuestras primeras frases compuestas y monigotes en ellos. Y allí, en mis diarios, encontré aquello que escribiste con cinco años. “María tiene una musa, una campañilla que enciende bombillas y le hace cosquillas…”

 

Lo sé, lo sé… Yo os daba la lata con la poesía; en casa se leía mucha poesía y la abuela Noni se pasaba el día con un tocho de 1.300 páginas y luego en la boca siempre tenía a Dulce María Loynaz :

Era buena la Vida:
Había rosas.
Unos minutos antes me había sonreído un niño…
Pasó volando y me rozó la frente.


No sé por dónde vino
ni por dónde se perdió luego pálida y ligera…
No recuerdo la fecha.
No sabría decir de qué color era ni de qué forma;
no sabría, de veras, decir nada.

Pasó volando… Había muchas rosas…
Y era buena la Vida todavía…

 

Recuerdo como un talismán, el poemario de Santiago Castelo, “Hojas cubanas” sobrevolando por el regazo de la abuela… y así fuisteis creciendo los cuatro, sus nietos amados. El colorín de sus días últimos.

Por alguna razón nos negábamos al color negro. Sin apenas apreciarlo y ser conscientes de ello, me atrevo a decir que la casa donde fuimos felices escribiendo las primeras páginas, actuaba sobre nosotros como pretexto, irisación para llegar hasta hoy, sin más dolor del soportable.

El sábado 23 de marzo de 2019 ya es una de esas fotografías que la abuela tiene en su colección de tesoros. Una imagen azul, como todas en las que María fijaba su mirada en la cámara y todo se volvía azul.

Cuando a las doce del mediodía, entré en el salón de actos de la Biblioteca Elena Fortún, con un ligero pinzamiento en el corazón, ya sabía que el color azul había esparcido el pigmento necesario para iniciar el “baile de una debutante”.

Una joven de 19 años que fue al nacer, un destello para sus abuelos y para mí, el COLOR AZUL, el color del cielo y el mar, del que Neruda dijo: “¿qué hacemos sin la palabra azul??”

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2 comentarios en “MARÍA, LA NIÑA AZUL QUE FUE Y ES

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