Esta “Pasión” naciente

Acumulando ya tres noches de profundo insomnio, amanecí esta mañana en volandas, gracias a la Pasión según San Mateo de Bach, que junto con la banda sonora concebida por John Williams, para Spielberg, es la única cortina sonora que escucho en estos días de advenimiento y revelación. Es una descarga de aire procedente de alturas que se me escapan.

Pasé la noche con el natural estremecimiento que brota del Libro de La Sabiduría, de ahí pasé a Proverbios, donde se puede leer la más pura de las músicas, escuchad:

          “Fui formada antes de los orígenes de la tierra. Cuando aún no había océanos, antes que los montes fueran asentados, antes de las colinas, fui engendrada.

           No había hecho aún la tierra ni los campos, ni los primeros terrones del orbe. Cuando establecía los cielos, allí estaba yo, cuando trazaba la bóveda sobre la superficie del océano, cuando señalaba al mar su límite para que la aguas no rebasaran sus orillas… allí estaba yo (…..)”

Tanta belleza por fuerza agita el espíritu, altera el sueño y conmueve para bien. Es el bálsamo del que me rodeo para silenciar los estallidos de la calle.

“Amarla, buscarla, pedirla” todo está salpicado por ella: “sabiduría”, la que permite conocer “la estructura del mundo, el principio, el fin y el medio de los tiempos, la alternancia de los solsticios, la sucesión de las estaciones y las posiciones de los astros”.

Y de repente, una se encuentra con los más bellos versos, donde nadie nos enseñó que había poesía de latitudes insospechadas.

Intercambiaba el otro día con un amigo impresiones sobre esto de escribir o no escribir. Se dolía mi amigo de haber dejado dormir en algún cajón de verano sus escritos, tan intensos como yo los recordaba, tan llenos de él y su impenetrable carisma. Y es que en algún momento de nuestras vidas, el Periodismo ha ganado al pequeño poeta que uno lleva dentro. Un terremoto que en mi caso sirvió para desembocar en las orillas del Periodismo Mágico, donde fui feliz y donde habito a escondidas del mundo.

Considera mi amigo que cuando uno se adentra en los entresijos del marketing, la prosa invade hasta los pulmones y uno respira por la herida del poeta que no ha llegado a ser. No importa, le digo yo, “la poesía está sobrevalorada”… ¿en serio he llegado a decir esto? tal vez sólo quería que no se sintiera mal por no escribir con música. Con la música de aquellos veranos nuestros, apostados en azoteas, entre libros y silbidos de cielos apabullantes. Azoteas con vistas a jardines romanos en los que avistamos nuestras primeras musas.

Cuando me pierdo en El Cantar y en las llanuras luminosas de Eclesiastés, redescubro el valor de la música que aportan unos versos. Pero no unos versos cualquiera, escuchad:

“Mi amado es para mí una bolsita de mirra que descansa entre mis pechos; un manojito de alheña de las viñas de Engadí”

Nuestro lecho es de flores, las vigas de nuestra casa, de cedro, nuestro techo de ciprés. Confortadme con pasas, reanimadme con manzanas, que desfallezco de amor.

Mi amado es para mí, y yo para él, que pastorea entre azucenas. (….)”

Y en Lamentaciones:

“Qué solitaria, la ciudad populosa. Ninguno de sus amantes puede consolarla. ¡Toda ella es amargura!”

¿Alguien, alguna vez, nos dijo que abrir el Libro de los Libros, la Biblia, era un acto poético?

Nadie.

Nunca.

Jamás.

 

 

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Bizcocho, boda y chocolate caliente

La mezcla es perfecta cuando la tarde dibuja tormentas encadenadas y sólo cabe acurrucarse al calor de unas brasas y una ración generosa de masa madre. Esponjosa y fundente donde dejar derretir la yema de unos dedos ateridos de intemperie. Sigue leyendo

El día de la “galleta”

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Llegó el miércoles y el color del día se ha mimetizado con el de las galletas que escapan del horno en fila india. No es un miércoles más. Ni menos. Es el que es. Toca reparación de cables internos y alguna muselina evaporada por el uso.

Los niños han vuelto de sus playas, robustos, tostados y más rubios que hace un mes. Ya están en mi puerta, al olor penetrante de la masa horneada; vienen en busca de los malvaviscos prometidos. Hoy no es día para leer periódicos ni documentos adjuntos, declino del vicio insano de leer titulares. No sirven para nada y hacen la vida más pequeña, como una chispa de mala leche concentrada. Es día de galletas y corros de la patata.

Algunas mamás siguen envueltas en sus toallas de arena movediza, melancólicas por los desayunos a mesa puesta. Al llegar a casa no han tardado un minuto en devolver al césped que yo habitaba feliz y solitaria, a este rebaño de pitufos hambrientos de juegos y galletas caseras. Pobres mamás, agotadas de playa y petanca, cubitos palas y pelotas de NIVEA.

Dejad que vuestros niños se acerquen a mí… En mi casa se celebra “el día de la galleta”.