El día de la “galleta”

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Llegó el miércoles y el color del día se ha mimetizado con el de las galletas que escapan del horno en fila india. No es un miércoles más. Ni menos. Es el que es. Toca reparación de cables internos y alguna muselina evaporada por el uso.

Los niños han vuelto de sus playas, robustos, tostados y más rubios que hace un mes. Ya están en mi puerta, al olor penetrante de la masa horneada; vienen en busca de los malvaviscos prometidos. Hoy no es día para leer periódicos ni documentos adjuntos, declino del vicio insano de leer titulares. No sirven para nada y hacen la vida más pequeña, como una chispa de mala leche concentrada. Es día de galletas y corros de la patata.

Algunas mamás siguen envueltas en sus toallas de arena movediza, melancólicas por los desayunos a mesa puesta. Al llegar a casa no han tardado un minuto en devolver al césped que yo habitaba feliz y solitaria, a este rebaño de pitufos hambrientos de juegos y galletas caseras. Pobres mamás, agotadas de playa y petanca, cubitos palas y pelotas de NIVEA.

Dejad que vuestros niños se acerquen a mí… En mi casa se celebra “el día de la galleta”. 

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¨Voy refrenando el vuelo”

 

En un par de días emprendo el camino de regreso al punto muerto que dejé allá por el mes de noviembre disperso en Extremadura. Pueblo, casa, tejado, balcón, chimenea, cigüeña, campana, campanario y lavándula son palabras que salen ahora del armario de mis entretelas. Las puse a remojo de lágrimas y ahora renacen poderosas, con el furor que tienen todas y retienen todas las primaveras. Sigue leyendo

Una velada con Jill Abramson: lecciones de periodismo entre relámpagos en un apartamento del Upper West Side

Demasiados Periodistas haciendo Periodismo de sí mismos. De acuerdo en todo.

#nohacefaltapapel

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En esta tarde de lluvia tropical en Manhattan, Jill Abramson llega al apartamento de una escritora en la calle 67, se quita los zapatos y se sube a un taburete blanco de madera. Sus pies descalzos muestran el esmalte de un rojo vivo que se está empezando a descascarillar. Abramson luce un tatuaje en cada hombro. Habla con un micrófono en la mano.

Es la casa de Gail Sheehy, una autora de best-sellers de superación personal que ofrece su espacio para un evento de The Common Good, una ONG que se dedica a promover el debate público entre una elite de profesionales neoyorquinos. Desde su despido como directora del ‘New York Times’, Abramson ha dado unas pocas entrevistas y ha evitado criticar abiertamente al editor, Arthur Sulzberger, que la echó repentinamente del periódico en un polémico despido. Está aquí gracias a Patricia Duff, activista demócrata y poderosa recaudadora…

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